Protocolo para casos de violación

Solo se está reproduciendo el estereotipo ingrato de que la mujer es siempre provocadora


Yalena de la Cruz

Si yo denuncio el robo del radio, nadie del OIJ me pide ver el vehículo; se presume que digo la verdad; pero, si una mujer denuncia una violación, debe enseñar desde su ropa interior en adelante; es decir, la palabra de la mujer violada no tiene valor. Más aún, cuando se le pregunta cómo vestía, si fue "amable", si "cuerdió", si bailó, según la circunstancia, se reproduce el estereotipo ingrato de que la mujer es siempre provocadora, y, como tal, causa de sus desgracias.

¡Es la Eva que hizo pecar al pobre Adán! Se olvida así que la violación sexual no es una relación de placer sino de poder. Por eso, para evitar la revictimización de la mujer violada, debe establecerse un protocolo de atención: tomarle una escueta declaración en el OIJ (simplemente el "fui violada") y su traslado a la medicatura forense, donde, en condiciones de privacidad, se le tome la declaración y no se le pregunte nada sexista, discriminatorio o violatorio de sus derechos humanos. La prueba forense es importante y necesaria para el juicio pero, sobre todo, debe ser respetuosa de la mujer ultrajada.

Qué preguntar. Así, el protocolo debe establecer importantes aspectos: un detalle de qué se puede y no se puede preguntar ("¿usted lo provocó?, ¿pidió ayuda?, ¿opuso resistencia?, ¿por qué no denunció inmediatamente?, ¿era virgen?"); los mecanismos para recolección y almacenaje de la prueba (ropa, tejidos, etc.); exámenes para evaluar el posible contagio con enfermedades de transmisión sexual (VIH y otras venéreas) y la medicación para combatirlo; la anticoncepción oral de emergencia (pastillas anticonceptivas en megadosis) como opción y no como obligación; atención inmediata por una psicóloga especializada en violencia sexual.

Como denuncié en un artículo anterior, fui testigo de la victimización de una mujer violada a la que una fiscal del OIJ la interrogó sobre por qué se había montado en el taxi (que no era pirata); si andaba aún con la ropa puesta, si se había bañado...; en fin, detalles que revictimizan a la mujer . Cualquiera que hubiera estado conmigo se habría enterado de la tragedia que venía de sufrir. Más aún: la fiscal preguntaba por curiosidad porque ella simplemente traslada el caso a un oficinista que toma la declaración y hace el escrito que el denunciante debe firmar.

Por eso, es lamentable la respuesta de la Contralora de Servicios de la Corte: "La Fiscal que atendió el caso era nueva en el puesto", y no revela más que la inexistencia de protocolos de atención hechos tomando en cuenta los derechos de las víctimas. Las situaciones de violación son dolorosas y marcan para siempre. Por tanto, no nos deben ser indiferentes.

Sin castigo. Tampoco hemos de pasar por alto la denuncia de Roberto Víquez (Foro, 13/6/05) sobre su experiencia de "penosos exámenes médicos, interrogatorios interminables en el OIJ y la medicatura forense, ardua recolección de pruebas, careo con los imputados en condiciones improcedentes, presiones solapadas, deleznables burlas e intimidaciones de la defensa de los imputados, etc."; o de imputados con orden de captura sin ejecutar; como él lo señala, en el 2003, casi el 90% de las denuncias por violación terminaron sin castigo (La Prensa Libre, 27/5/05). Sumemos a esto los casos no denunciados, precisamente por el miedo de las víctimas a ser estigmatizadas.

En tanto violencia, la violación sexual es cuestión de salud pública; pero esencialmente es un delito contra la humanidad porque la mujer víctima pudo ser cualquiera, y nadie tiene derecho a avasallar la dignidad de persona alguna.

Como un asunto de derechos humanos, es obligación del Gobierno evitar la impunidad en los casos de violación y garantizar que las víctimas sean revictimizadas en el proceso. El primer paso es la elaboración de los protocolos de atención que, por lo visto, se necesitan con urgencia en el país.