En el Día de la Mujer

Hemos llegado a los límites de la sostenibilidad y es preciso cambiar el rumbo

Joyce Zürcher Blen
Diputada

El informe Estado de la nación del 2004 nos evidencia un país en crisis. Y "si al país le va mal (porque le va mal), a las mujeres les va peor", nos dice.

Aunque la brecha entre ricos y pobres no aumentó, la pobreza sí lo hizo; todos los hogares son hoy un poco más pobres, otras 38.000 familias se sumaron a la pobreza, las de jefatura femenina muestran mayor incidencia y los hogares jefeados por las mujeres más jóvenes ocupan el último lugar en la escala social. El desempleo es mayor entre las mujeres (8,5% vs. 5,4% de los hombres) y su inserción laboral es más precaria por cuanto trabajan "por cuenta propia" y en tareas marginales.

La incidencia de la violencia doméstica es alarmante. Aunque las denuncias aumentan, los agresores no son castigados, a veces incluso porque la víctima, por temor, no comparece ante el juez. Pese a que las mujeres componen el 50% de la población, no se ha podido eliminar la inequidad en acceso a vivienda, educación, salud, crédito. Hasta en los campos donde las mujeres hemos logrado acceso a las oportunidades para nuestra promoción como seres humanos, la sociedad no nos integra en igualdad de condiciones y nuestros argumentos se tachan de incómodos o confrontativos.

En consonancia con lo anterior, el Instituto Nacional de la Mujer, concebido para incidir transversalmente en la erradicación de toda forma de discriminación femenina, ha renunciado a su cometido y, existiendo tantas necesidades y tantos proyectos para favorecer la equidad de sexo, las autoridades optaron por subejecutar su presupuesto de $2 millones, según informa la Defensoría de los Habitantes.

La profundización de la crisis social y de la situación femenina han sido señaladas en los informes anuales sobre el estado de la nación, sin que hayamos hecho lo necesario para remediarlas.

Grandes coincidencias. Según la lectura que hago de las recientes elecciones, el pueblo finalmente se ha decidido a ordenar la situación. Los que escucharon y entendieron el mensaje de Óscar Arias votaron por el cambio de rumbo, hacia la eliminación de la pobreza -donde la mujer ocupa los últimos lugares- y la búsqueda del bienestar generalizado. Los que votaron por Ottón Solís -cuyas metas no han quedado claras- se manifestaron contra la corrupción. Si sabemos que la erradicación de la corrupción es condición necesaria para el desarrollo, podemos inferir que el planteamiento del candidato ganador subsume el del perdedor y que hay grandes coincidencias en el pueblo. Veremos entonces desaparecer el clientelismo, los abusos, la indolencia, la falta de idoneidad de los funcionarios públicos, para dar lugar a una coordinación integradora hacia el bienestar generalizado, que necesariamente implica mayor bienestar para la mujer.

Ha llegado la hora de que las mujeres, que unánimemente luchamos por una sociedad sostenible y que somos el 50% de la población, estemos plenamente incorporadas en el proceso social y político del país. Queremos un Inamu fortalecido que asuma con firmeza su liderazgo, que, como ente rector, incida en el Banhvi, en el INA, en el MEP, en las instituciones financieras,. en todas las instituciones públicas, para fortalecer a las mujeres e integrarlas equitativamente a la sociedad de oportunidades a que todas y todos tenemos derecho.